sábado, 24 de octubre de 2009

Un inesperado encuentro.


Aún estaba impregnada en su piel aquella fría tarde de Septiembre, cuando Agustina se disponía a tomar el bus para visitar a su amiga Martina, quienes ya no se veían con la misma frecuencia que en su infancia, por lo cual, sería una visita llena de novedades en la que también se refrescarían recuerdos de antaño y vivencias en común.

Sin embargo, para la sorpresa de Agustina sucedió algo digno de recordar, pues no podía ser un incidente casual... a menos, si no lo hubiese planeado una de las dos partes, la vida se habría encargado de otorgar tal cizaña a esa gris tarde. En medio de la espera por su bus de destino, Agustina inmersa en su distracción habitual, se dedicó a observar el bus que paraba frente a sus ojos y sin discernir si este conducía hacia su mismo destino de viaje o no, sin mayor premeditación se dedicó a observar al viajante que descendía por la puerta trasera. Ella sin saber muy bien quien era - pues tenía la impresión de haber visto en alguna ocasión esa cara - fijó su mirada a aquel extraño, apreciando de manera inmediata los rasgos agradables de éste que la animaron aún más a observarlo de manera perpleja. Él por su parte se detuvo con naturalidad frente a ella y se sumó a la actitud de Agustina, no pudo evitar quedarse en sintonía del silencio, donde sólo sus miradas eran el lenguaje entendido. Se miraron fijamente por un breve lapso, sin movimiento más que el viento sobre sus siluetas y sin intención de hablar... sólo de observarse mutuamente.

Luego, recordando que ambos tenían un objetivo, él joven se dirigió hacía su camino sin dejar de fijar sus ojos hacia ella, mientras que Agustina, confundida entre la timidez e impacto, simuló seguir esperando su bus de destino sin dirigir su mirada hacia el extraño joven. Después que él no pudo seguir observándola en pro de su rumbo, Agustina no pudo evitar buscarlo en su mirada, sin embargo ya estaban muy alejados el uno del otro.

Más tarde, ya en su bus, Agustina había perdido por completo el objetivo de la visita a su querida amiga, sin dejar de recordar la intensa mirada y la breve complicidad que sintió en su piel con aquel joven, y quedando completamente a merced de su belleza y mirada, no pudo más que embobarse todo el resto del día con aquel mismo pensamiento.