viernes, 19 de febrero de 2010

El loco de la bicicleta.


Acontecía un agradable Viernes de Febrero cuando Agustina se disponía a ejecutar una caminata que habituaba en la época estival, por lo que recorrió una avenida poco concurrida por transeúntes como era de su preferencia, por lo que encontrarse con un rostro conocido en tal trayecto no era un propósito trazado en sus planes, naturalmente.

En su caminar, que se caracterizaba entre lo grácil y pausado, Agustina divisó no muy distante la silueta de una bicicleta conducida por tal hombre que ya no tenía esperanza de volver a divisar. Era él, su extraño preferido que lucía algo diferente con respecto a su antigüo semblante, con el cabello más corto de lo que ella lo hubiese visto jamás, sin embargo lucía aún esa mirada alucinante y esa sonrisa conciliadora. Lo más anecdótico de este encuentro fue que Agustina apenas se manifestó en aquel momento (como solía reaccionar ante aquel muchacho), pues intentaba mostrarse inferente y despreocupada, no obstante, sin dirigir la mirada al dulce extraño percibío que aquel la estudió sin pausa ni disimulo, puede que esperanzado en recibir una respuesta por parte de ella.

Infieran ustedes... exáctamente, Agustina una vez más no se atrevió a saludarlo, puesto que el encuentro fue tan repentino e inesperado que su reacción se enlenteció ante el raudo momento. Pero esta vez hubo algo distinto, Agustina esbozó una sonrisa progresiva mientras este la observaba, pero sin saber si él logró percibirla.

Finalmente el extrañó aceleró el curso de su manubrio, dando paso al rápido atino de Agustina, que sin esperas volteó su mirada para ver si su extraño continuaba en la ruta, lo que lógicamente fue inútil, ya que él ya se habría esfumado. Agustina emitió un amoroso suspiro al cada vez más delicioso y hermoso extraño.