domingo, 2 de mayo de 2010

Encontrando un sentido

Antes de ti, no sabía que existieran los sentimientos intensos, los amores y las esperas. Era una fiel creyente que esas sensaciones eran irreales, o tal vez eran sentimientos premeditados, pero a lo largo de mi camino he descubierto que los sentimientos verdaderos, esenciales y profundos simplemente suceden.

Sólo Dios sabe cuánto te amé, cuánto lloré, cuántas esperanzas tuve, y cuántos castillos en el aire construí, nadie tiene la noción de lo que pasé, de la trascendencia de tu aparición en mi vida y cuánto la cambiaste. En ocasiones creo que te robaste a la niña dulce y repleta de vida, por esta joven triste que aún reserva ciertas melancolías en su hálito.

Ayer, un Sábado uno de Mayo te conocí, en circunstancias inesperadas e improbables. Creo que desde ese día y para siempre comprobé que los grandes amores llegan cuando menos lo esperamos y de la mano de las personas que menos nos proponemos. Por nadie hasta ahora he sentido ni pizca de lo que tú afloraste en mí, incluso he llegado a temer que nunca más ame así, con esa fuerza e incondicionalidad.

Tú, mi ilusión más desgarradora, no sabes y ni te imaginas cómo lloré, cómo reí y como disfrute este sentimiento tan único, desinteresado y hermoso que hasta el día de hoy me vuelve a remecer cuando lo recuerdo. Fuiste fuego, fuiste dulzura, fuiste energía… tuviste todo, pero todos los elementos que adoraba, (eso tu lo tenías muy presente) que deseaba, que esperaba, de tal manera que perdí la certeza de donde quedó el umbral entre la admiración y la idealización de una persona.

Te amé. Pues el amor no se cuantifica, es un sentimiento absoluto. Aunque también te borré. Con la paciencia y perseverancia que sólo otorga el tiempo, ese tiempo tenue, suave y lento logré paso a pasito sacarte, arrancarte y deshollejarte de mi lastimado corazón, que con toda su potencia te quería retener para siempre. Lo intenté de todas las maneras que pude, creo que fui una luchadora incesante para sacarte de mi vida.

Ahora, solo quedan los dulces y agraces recuerdos en los que de vez en cuando me poso y la esperanza de tener otra experiencia tan intensa como la tuya, pero espero desde mi cicatrizado corazón con un final feliz.

Creo que hoy ya no te amo.

“Y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse) te alegrarás de haberme conocido” (El Principito – Antoine de Saint-Exupéry)



No hay comentarios: