¡Cúan grisáceo se hallaba mi existir! Ya era bastante... mi alma estaba tiñiéndose de cuál árido desierto y secándose en los albores de la desesperanza. No había más que discenir: El mundo a mis ojos era vil, cruel y sin sentido... con todas sus virtudes invertidas, repleto de rutina y vida fast que nos estaba deteriorando. Llegué a aquel extremo de sospechar que la autodestrucción sería el precio del progreso y la ambición nuestra más entristecedora mordaza.
Creo que hoy he descubierto que a pesar de ello aún nos rodeamos de talento, belleza, elegancia, inteligencia y virtud, sólo que está todo atenuado en un coloide que oculta - superfluamente - dichas bendiciones. No soy ferviente creyente que todo tiempo pasado fue mejor, ni nada que se asemeje... sólo que a veces me ronda la duda que en el transcurso de la historia hay menor cantidad de entes que observan el mundo con una mirada reflexiva y que en su pasar por esta vida desean y luchan por mejorar algo de él, pues últimamente veo que el afán de la competencia sin cesar y de la indiferencia no brinda instancia de detenerse y observar.
Mas, reitero que he encontrado entes que aún nos revelan y enseñan maravillas del mundo, tal como
un atardecer en llamas la fresca brisa de las tardes de primavera el agua mineral la risa de niños la literatura la música la caricia de recuerdos cautivantes la esperanza de un futuro prometedor la juventud de espíritu el cariño el amor la generosidad el respeto la dignidad la familia el sol las estrelladas noches de Noviembre las caminatas de la tarde recostarse en un parque apreciando el frescor del pasto las flores las rosas blancas la paz.
Detenerse y observar, es la tarea que debemos recobrar para salvarnos.
jueves, 12 de noviembre de 2009
El Tiempo...
Una bendición o una maldición.
Hay días en que simplemente lo detesto y horas en que deseo que corra a pasos agigantados sin cesar. Lamentablemente en ocasiones es una fiera incontrolable e implacable ante retroceso alguno... tal vez su misión es recordarnos que no hay manera ni razón para mirar hacia atrás.
Hace un tiempo, detestaba el tiempo pues era como una rosa marchita que en ausencia de milagros jamás volvería a florecer... temía la simple idea que las cosas solían acabarse y que nada era eterno, mas dado a múltiples sucesos creo que es una ventaja, ya que gracias a él las desventuras no suelen ser eternas y poseemos la esperanza de contar con que un mal día acaba, dando espacio al comienzo de otro, mucho más prometedor y fructífero.
Somos inmortales propensos a errores y defectos, entes de tiempo limitado y de vida acotada, a pesar de ello muchos viven el martirio de sostener realidades que no desean vivir, otros no concretan nada, dejando todo para un nuevo amanecer. Creo, sin embargo, que no es conveniente desafiar nuestros deseos, pues cada día está hecho de tiempo... cada sol que aparece nos resta otro día de oportunidades y vivencias, por tanto actuar según nuestros reales anhelos y metas es algo que debemos hacer escatimando que el tiempo no es un fuego eterno.
Aprovecha el tiempo. De eso está hecha la vida.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
(Vincent Van Gogh - Botas)
Es posible sacarse los zapatos para caminar por la vida descalza... Es posible sacarse el maquillaje e ir por el mundo destartalada... Es posible renuciar a las causas seguras para buscar las causas perdidas... Es posible dedicar las tardes - que antaño eran de arduo trabajo- a caminar sin preocupaciones... Es posible desprenderse de una realidad conformista para emprender sueños imposibles... Es posible perder los miedos que antes tanto asechaban... Es posible cerrar el portal por el intento que se abran ventanas... Es posible soñar... como lo es realizar dichos sueños... Es posible renacer dejando el pasado como un triste recuerdo.
Aún estaba impregnada en su piel aquella fría tarde de Septiembre, cuando Agustina se disponía a tomar el bus para visitar a su amiga Martina, quienes ya no se veían con la misma frecuencia que en su infancia, por lo cual, sería una visita llena de novedades en la que también se refrescarían recuerdos de antaño y vivencias en común.
Sin embargo, para la sorpresa de Agustina sucedió algo digno de recordar, pues no podía ser un incidente casual... a menos, si no lo hubiese planeado una de las dos partes, la vida se habría encargado de otorgar tal cizaña a esa gris tarde. En medio de la espera por su bus de destino, Agustina inmersa en su distracción habitual, se dedicó a observar el bus que paraba frente a sus ojos y sin discernir si este conducía hacia su mismo destino de viaje o no, sin mayor premeditación se dedicó a observar al viajante que descendía por la puerta trasera. Ella sin saber muy bien quien era - pues tenía la impresión de haber visto en alguna ocasión esa cara - fijó su mirada a aquel extraño, apreciando de manera inmediata los rasgos agradables de éste que la animaron aún más a observarlo de manera perpleja. Él por su parte se detuvo con naturalidad frente a ella y se sumó a la actitud de Agustina, no pudo evitar quedarse en sintonía del silencio, donde sólo sus miradas eran el lenguaje entendido. Se miraron fijamente por un breve lapso, sin movimiento más que el viento sobre sus siluetas y sin intención de hablar... sólo de observarse mutuamente.
Luego, recordando que ambos tenían un objetivo, él joven se dirigió hacía su camino sin dejar de fijar sus ojos hacia ella, mientras que Agustina, confundida entre la timidez e impacto, simuló seguir esperando su bus de destino sin dirigir su mirada hacia el extraño joven. Después que él no pudo seguir observándola en pro de su rumbo, Agustina no pudo evitar buscarlo en su mirada, sin embargo ya estaban muy alejados el uno del otro.
Más tarde, ya en su bus, Agustina había perdido por completo el objetivo de la visita a su querida amiga, sin dejar de recordar la intensa mirada y la breve complicidad que sintió en su piel con aquel joven, y quedando completamente a merced de su belleza y mirada, no pudo más que embobarse todo el resto del día con aquel mismo pensamiento.
Al amorla mentira le hiere de muerte.Pero la verdad le mata fulminante. Somos animales.Aunque una duda flote en el aire…¿Es el perdón lo que nos salva de serlo?