sábado, 14 de noviembre de 2009


(Claude Monet - Soleil Levant)


Me hiciste renacer

¡Cúan grisáceo se hallaba mi existir! Ya era bastante... mi alma estaba tiñiéndose de cuál árido desierto y secándose en los albores de la desesperanza. No había más que discenir: El mundo a mis ojos era vil, cruel y sin sentido... con todas sus virtudes invertidas, repleto de rutina y vida fast que nos estaba deteriorando. Llegué a aquel extremo de sospechar que la autodestrucción sería el precio del progreso y la ambición nuestra más entristecedora mordaza.

Creo que hoy he descubierto que a pesar de ello aún nos rodeamos de talento, belleza, elegancia, inteligencia y virtud, sólo que está todo atenuado en un coloide que oculta - superfluamente - dichas bendiciones. No soy ferviente creyente que todo tiempo pasado fue mejor, ni nada que se asemeje... sólo que a veces me ronda la duda que en el transcurso de la historia hay menor cantidad de entes que observan el mundo con una mirada reflexiva y que en su pasar por esta vida desean y luchan por mejorar algo de él, pues últimamente veo que el afán de la competencia sin cesar y de la indiferencia no brinda instancia de detenerse y observar.

Mas, reitero que he encontrado entes que aún nos revelan y enseñan maravillas del mundo, tal como

un atardecer en llamas
la fresca brisa de las tardes de primavera
el agua mineral
la risa de niños
la literatura
la música
la caricia de recuerdos cautivantes
la esperanza de un futuro prometedor
la juventud de espíritu
el cariño
el amor
la generosidad
el respeto
la dignidad
la familia
el sol
las estrelladas noches de Noviembre
las caminatas de la tarde
recostarse en un parque apreciando el frescor del pasto
las flores
las rosas blancas
la paz.


Detenerse y observar, es la tarea que debemos recobrar para salvarnos.

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