jueves, 12 de noviembre de 2009

El Tiempo...

Una bendición o una maldición.

Hay días en que simplemente lo detesto y horas en que deseo que corra a pasos agigantados sin cesar. Lamentablemente en ocasiones es una fiera incontrolable e implacable ante retroceso alguno... tal vez su misión es recordarnos que no hay manera ni razón para mirar hacia atrás.

Hace un tiempo, detestaba el tiempo pues era como una rosa marchita que en ausencia de milagros jamás volvería a florecer... temía la simple idea que las cosas solían acabarse y que nada era eterno, mas dado a múltiples sucesos creo que es una ventaja, ya que gracias a él las desventuras no suelen ser eternas y poseemos la esperanza de contar con que un mal día acaba, dando espacio al comienzo de otro, mucho más prometedor y fructífero.

Somos inmortales propensos a errores y defectos, entes de tiempo limitado y de vida acotada, a pesar de ello muchos viven el martirio de sostener realidades que no desean vivir, otros no concretan nada, dejando todo para un nuevo amanecer. Creo, sin embargo, que no es conveniente desafiar nuestros deseos, pues cada día está hecho de tiempo... cada sol que aparece nos resta otro día de oportunidades y vivencias, por tanto actuar según nuestros reales anhelos y metas es algo que debemos hacer escatimando que el tiempo no es un fuego eterno.

Aprovecha el tiempo. De eso está hecha la vida.

No hay comentarios: